La noche pareció aguantar el aliento para que solo se escucharán nuestras respiraciones que acabaron por ir a la vez. Yo por un instante no supe si me seguía funcionando el corazón; sus palabras quedaron clavadas en mi cabeza, mis labios siguen intentando repetirlo con la misma intensidad que él lo dijo.
-No te vayas ahora que se va todo el mundo quédate conmigo. Quédate conmigo para siempre.
Sin duda aún no sé como pude por fin intentar decir una palabra.
-Eres perfecta. Sigo pensando que deberías quedarte conmigo, quisiera besarte, tus labios no merecen ni mirarlos si no están sonriendo y tu sonrisa alumbra esta noche y todas las demás.
Allí estábamos en medio de la carretera mirándonos. Yo me preguntaba si se trataba de una broma. El pitido de un coche nos quito de la burbuja hechizante que nos envolvía.
Conseguimos apartarnos juntos, y más juntos cada vez.
-¿Y?
-Y que quiero saber si es verdad que me estoy jugando el no poder verte mañana mirarte y sonreírte.
Entonces nuestros labios se unieron como nunca que habían unido unos labios, ni si quiera comparables a los de una película, los del Titanic nos envidiaron en los instantes mas intensos de mi vida. Sonreíamos y reíamos y nos abrazábamos. Era tan perfecto como había imaginado siempre.
No hay comentarios:
Publicar un comentario